Desde muy joven, Laura Pardo supo que su camino profesional estaría vinculado al cuidado de las personas más vulnerables. Estudió Educación Social porque sentía una profunda conexión con los problemas sociales, especialmente aquellos que afectan a las personas con discapacidad, las adicciones o los problemas de salud mental. 

Su deseo de trabajar por el bienestar de los demás la llevó a realizar las prácticas de su carrera en el Centro San Juan de Dios de Palencia, donde desempeñó funciones en las áreas de adicciones y menores y donde actualmente es monitora ocupacional.

Fue en este centro donde Laura descubrió la posibilidad de unirse al programa de voluntariado internacional de San Juan de Dios, que se desarrolla a través de su organización de apoyo internacional de Juan Ciudad ONGD, lo que despertó aún más su interés por apoyar a personas en situación de vulnerabilidad, no solo en España, sino también en otras partes del mundo. Decidió entonces dar el paso hacia la cooperación internacional, y esta experiencia cambiaría su vida para siempre.

Una experiencia transformadora en Cochabamba, Bolivia

Laura fue hasta Cochabamba, una ciudad ubicada en el centro de Bolivia, donde pudo vivir la realidad de la salud mental en un contexto muy distinto al de España. A medida que avanzaba en su voluntariado, se dio cuenta de las enormes dificultades a las que se enfrentaban tanto los pacientes como los profesionales en esta área. 

“Me llamaba mucho la atención conocer la salud mental en otros países más carentes de recursos”, recuerda Laura, y lo que encontró en Bolivia la sorprendió profundamente. En Cochabamba, los recursos sanitarios eran escasos, los pacientes, especialmente los más jóvenes, eran muy vulnerables y enfrentaban carencias extremas. A pesar de las limitaciones, Laura trabajó en un entorno de gran necesidad, pero también de mucha humanidad.

En Bolivia, se integró principalmente en una unidad de psicogeriatría y en una comunidad terapéutica. Las tareas que desempeñó incluían actividades básicas de la vida diaria, como el aseo, la alimentación, y también actividades de ocio y tiempo libre. 

“Desarrollé mi experiencia principalmente en una unidad de psicogeriatría y en una comunidad terapéutica, desarrollando tareas de Actividades Básicas de la Vida Diaria (aseos, ingestas), ocio y Tiempo Libre, Rehabilitación Cognitiva…”

El poder de los pequeños gestos

Una de las reflexiones más poderosas que Laura comparte con nosotros es la importancia de los pequeños gestos en el voluntariado. Aunque las condiciones eran precarias, ella sentía que su contribución, por pequeña que fuera, hacía una diferencia significativa en la vida de las personas con las que trabajaba. 

“Al final estas experiencias son muy gratificantes y con poco que aportes al otro hace que sea especial”

Saber que lo que estaba haciendo, aunque fuera durante unos pocos días, podía mejorar la vida de alguien, fue profundamente enriquecedor para ella.

Los gestos de gratitud de las personas con las que trabajó fueron, según Laura, una de las partes más emocionantes de su experiencia. A pesar de las enormes carencias, las personas que conoció compartían con ella momentos de agradecimiento y conexión.

“Los gestos de gratitud de las personas con las que estás, las experiencias personales que te comparten teniendo tan poco… te hacen ver y sentir lo afortunados que somos al otro lado del mundo”

Esta experiencia le permitió darse cuenta de cómo, en medio de la escasez, la solidaridad y la humanidad pueden prevalecer. Fue un recordatorio de lo afortunados que somos en países como España, donde los recursos son más accesibles.

Lecciones y perspectiva

El voluntariado internacional dejó una huella profunda en Laura, que se llevó aprendizajes y reflexiones que la acompañan hasta hoy. Una de las lecciones más valiosas que extrajo fue la de la relatividad de nuestras necesidades. “No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que vemos de cerca la realidad en otros lugares con tanta escasez de recursos sanitarios, económicos, humanos…”, comenta.

Con esta perspectiva adquirida, Laura anima a todas las personas que tengan la oportunidad de realizar un voluntariado internacional a que lo hagan

“Si alguien tiene la oportunidad de realizar un voluntariado de estas características, le animo a hacerlo. Te enriquece a nivel personal. Te da una visión distinta de la vida y te enseña a valorar lo que tienes”.

El voluntariado internacional no solo es una oportunidad para ayudar a los demás, sino también una forma de crecer personalmente, de ampliar horizontes y de vivir una experiencia transformadora que cambia tanto al que recibe como al que da.

Una oportunidad para cambiar el mundo

La experiencia de Laura es solo uno de los muchos testimonios de voluntarios que han participado en los proyectos de cooperación internacional del área de solidaridad de San Juan de Dios ejecutada por Juan Ciudad ONGD. Con el apoyo de personas voluntarias como Laura, se han llevado en 2024 a cabo más de 44 proyectos en 12 países, beneficiando a miles de personas que viven en situación de vulnerabilidad.

Si te gustaría ser parte de este cambio y tener una experiencia única, te invitamos a enriquecerte personalmente al vivir una experiencia de cooperación y solidaridad. Para más información sobre cómo participar en estos proyectos, visita Juan Ciudad ONGD.