En el Hospital de Mondragón de San Juan de Dios Gipuzkoa, la solidaridad se teje con hilo fino. Desde hace cinco años, un grupo de profesionales y personas usuarias impulsa un proyecto que une la creatividad con el acompañamiento: un mercadillo solidario que convierte la terapia ocupacional en una experiencia de crecimiento personal y colectivo.
La iniciativa, que cuenta con el apoyo del área de solidaridad de San Juan de Dios, tiene como objetivo fortalecer la autonomía, la autoestima y el sentido de comunidad de las personas con problemas de salud mental.
“Cada paso está en sus manos”
La terapeuta ocupacional Nerea Minguez, del Hospital de Mondragón, explica que este proyecto nació del trabajo conjunto entre el equipo de Terapia Ocupacional y las personas atendidas. En las sesiones de Laborterapia, las personas usuarias elaboran productos artesanales que después se destinan al mercadillo solidario.
“Desde hace cinco años organizamos un mercadillo solidario en SJD Gipuzkoa. Este proyecto nace del trabajo conjunto entre el equipo de Terapia Ocupacional del Hospital, quienes guían a los usuarios en sesiones de Laborterapia, y las personas atendidas. En ellas, se elaboran productos artesanales que posteriormente se destinan al mercadillo”
Durante esas sesiones, se trabajan aspectos clave como la atención, las habilidades sociales y la creatividad individual. Tal como explica Nerea Minguez, “algunas actividades son dirigidas, mientras que otras permiten la improvisación y la expresión libre, fomentando así la autonomía y el desarrollo personal”.
El día del mercadillo, son las propias personas usuarias quienes toman el protagonismo: gestionan la venta, explican el proceso de elaboración y se relacionan con las personas visitantes. “Los fondos recaudados se destinan a cubrir necesidades que se identifican dentro del colectivo, reforzando el sentido de propósito y comunidad”, añade Nerea.
El poder de sentirse capaz
El impacto del proyecto es profundo y duradero. “La implicación directa en el proyecto fortalece el vínculo con las sesiones, favoreciendo su continuidad en el tiempo”, afirma Nerea.
Durante el mercadillo, el orgullo y la emoción son palpables. Según la profesional, “el orgullo de presentar y vender un objeto creado por ellos mismos genera una validación social muy poderosa. Reciben comentarios positivos, entablan conversaciones que van más allá de la compra, y comparten su experiencia en el hospital”.
Ese intercambio humano, añade, “contribuye a normalizar la enfermedad mental, a romper estigmas y a poner en valor las capacidades de cada persona. Es, sin duda, una herramienta transformadora.”
Un acompañamiento basado en el respeto
Detrás de este proyecto hay un trabajo constante de acompañamiento cercano y respetuoso. Nerea Minguez explica que el equipo considera a cada participante como una persona con voz propia:
“Cada participante es visto como un ser único, con limitaciones que se pueden trabajar y capacidades que merecen ser potenciadas. Reconocemos que son personas adultas con capacidad de decisión. Negociamos juntos los objetivos, practicamos la escucha activa y fomentamos un vínculo horizontal, basado en el respeto mutuo.”
También recuerda que el equilibrio entre cercanía y estructura es fundamental:
“Al mismo tiempo, establecemos límites claros que permiten que las intervenciones sean efectivas y seguras. Esta combinación de cercanía, respeto y estructura es la base de nuestro trabajo.”
Y lo que hace único a este proyecto, concluye, es que “las personas usuarias son protagonistas en todo momento. Desde la creación de los productos hasta la gestión del mercadillo, cada paso está en sus manos. Este enfoque les permite sentirse parte activa de una iniciativa que no solo tiene un fin solidario, sino también terapéutico y profundamente humano.”
“Fue como recuperar una parte de mí que creía perdida”
Cuando Nerea Minguez presentó la iniciativa a las personas usuarias de la unidad, Pilar no dudó. “Sentí que quería formar parte”, recuerda. Comenzó a elaborar manualidades, algo que solía hacer en casa antes de ingresar al hospital. “Siempre me ha gustado coser, y este proyecto me permitió reconectar con una actividad que había dejado de lado durante meses. Fue como recuperar una parte de mí que creía perdida.”
Con emoción, comparte lo que más la ha marcado: “Ver que la gente compra lo que yo hago me llena de satisfacción. Me hace sentir útil, valorada. Además, he aprendido a coser cosas nuevas gracias a los vídeos que me han enseñado. Ha sido un reto, pero también una fuente de motivación y crecimiento personal.”
Diagnosticada con depresión, Pilar reconoce que esta actividad ha sido clave en su bienestar:
“Este proyecto me ayuda a mantenerme activa, haciendo algo que realmente me gusta. También me permite estar en contacto con otros usuarios, compartir nuestras vivencias, conversar… y eso me ayuda a no sentirme sola. Es un espacio donde me siento acompañada y comprendida.”
Su testimonio termina con una reflexión que invita a mirar la salud mental con empatía:
“Creo que aún hay muchas personas que no saben lo que realmente es un hospital psiquiátrico. A veces piensan que estamos sedados, atados o que nos golpeamos contra las paredes, como en las películas. La realidad es muy distinta. Esto es como una gran familia. Aprendemos a convivir, a respetarnos, a querernos a pesar de nuestras diferencias. Somos personas que merecemos respeto y comprensión. Y, sobre todo, hay que entender que esto le puede pasar a cualquiera. La salud mental no discrimina, y hablar de ella con empatía es el primer paso hacia una sociedad más justa.”
Tejer comunidad para sanar
El mercadillo solidario del Hospital de Mondragón no solo ofrece una oportunidad para recaudar fondos o mostrar talento. Es un espacio donde se tejen la solidaridad, la autoestima y la esperanza.
Desde el área de solidaridad de San Juan de Dios, este proyecto refleja la importancia de acompañar desde la escucha, valorar las capacidades de cada persona y transformar el entorno a través de la empatía.Porque cuando la solidaridad se une al cuidado, cada hilo, cada palabra y cada gesto pueden ser una forma de sanar.